martes, 23 de octubre de 2018
Relación del estado con las Instituciones destino (Luna de Avellaneda) Arrascaete- Sarazola
Los clubes tuvieron su época de
esplendor a mediados del siglo XX. La actividad cultural, deportiva y social de
los barrios los tenía como punto de referencia ineludible. En
la época de crisis económica en la
Argentina, fruto del neo-liberalismo, el número de clubes y de socios se redujo drásticamente por diversas
circunstancias, el golpe más duro a la supervivencia de las pequeñas
instituciones barriales fue la crisis económica. Los
clubes se convirtieron en una sombra de lo que fueron, demacrados y sosteniéndose
a duras penas, venidos a menos. Quienes
quedaron en ellos por convicción, cariño o menor capacidad adquisitiva, no
pudieron hacer frente a las crecientes cargas que supone sostener una entidad
sin fines de lucro. Como
vimos en la película, el club depende demasiado de la cuota y el apoyo de los
socios. Los impuestos aumentan y el furor no es el mismo que el de antes. La
organización de fiestas, eventos y comidas son una parte importante para la recaudación. El estado no ayuda monetariamente. La relación con el este no es
buena. Antes, el cambio de favores era mutuos, el club prestaba sus
instalaciones para actos políticos y recibía subsidios del mismo. Pero hoy,
precisamente la crisis de amplios sectores sociales vuelve a poner en primer
plano el papel social e integrador de los clubes de barrio, porque son un
espacio privilegiado para la recuperación de las relaciones sociales y cooperativas. Merecen, por ende, un apoyo
estatal efectivo.
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