La educación física refleja las miserias del sistema escolar, el cual
ignora cualquier tipo de desestructuración. De esta manera, el cuerpo toma un
papel secundario, y pasa a ser un mero reproductor de consignas pedagógicas,
interrumpiendo la cualidad creativa del mismo. Este proceso tiene como
resultado el desinterés de los alumnos respecto a la materia, la cual no recibe
el trato que merecería. Nuestro papel como profesores de educación física,
muchas veces influye en esta pérdida de relevancia, debido a que, quizás
inconscientemente reproducimos la lógica del cuerpo reproductor, utilizando
estrategias didácticas que no ofrecen espacios de reflexión para que los
alumnos puedan crear por sí solos.
Para lograr una práctica significativa de la educación física, es
necesario comprender al cuerpo como un todo, priorizando el concepto de
corporeidad como construcción bio-psico-social, donde importa de igual manera
lo biológico, psicológico y social. Debe generarse un acuerdo entre el docente
y los alumnos, que deje en claro el rol protagónico que poseen las dos partes. Esto
implica, que nuestra tarea logre guiar al alumno a liberarse, expresarse,
divertirse, relacionarse con otros, y al mismo tiempo apropiarse de los
contenidos o conocimientos que se brindan en la clase. Una vez que los
contenidos se incorporan, pueden ser utilizados por el alumno en las
situaciones de su vida cotidiana. Esto significaría que se ha logrado un
aprendizaje significativo, donde no solo el alumno tomó la información que el
docente le brindó, sino que la comprendió y se apropió de ella.
De este modo, podría modificarse el
proceso de evaluación establecido por el sistema, que se basa en una única
instancia dejando de lado el recorrido del alumno desde, durante, y hasta que
concluyó el proceso de enseñanza-aprendizaje, teniendo en cuenta que cada
alumno aprende a su manera, a su tiempo, y mediante distintos recursos
didácticos. La escuela no es la que brinda pocos recursos, sino que somos los
actores quienes simplificamos el proceso y no nos detenemos en entender las
particularidades de cada alumno dentro de su trayectoria académico-pedagógica.
Actuando de esta manera, no brindamos los espacios necesarios para que cada
alumno intervenga en la clase de la manera que más placer le genere, y así lo
condenamos al desinterés respecto a la educación física, lo que genera un
desinterés por el propio cuerpo.

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